01Dos formas de imprimir con calor
Ambas tecnologías usan un cabezal térmico y ambas se llaman, coloquialmente, "impresión térmica". La diferencia está en dónde vive la tinta.
En transferencia térmica la tinta está en el ribbon: el calor la funde y la deposita sobre la etiqueta. La etiqueta puede ser de papel o de material sintético, y la impresión queda anclada al material.
En térmico directo no hay ribbon. El papel lleva una capa químicamente reactiva y el calor del cabezal la oscurece directamente. La impresión no se añade: se revela sobre el propio papel.
02La prueba de la uña
Para saber qué tiene delante, raye con fuerza la superficie de la etiqueta con la uña o con una moneda, aprovechando el calor del roce.
Si aparece una línea oscura, es papel térmico directo: la capa reactiva ha respondido al calor. Si no ocurre nada, el material necesita ribbon.
La segunda comprobación es igual de simple: abra la impresora. Una de transferencia térmica tiene un compartimento con dos ejes para el rollo de ribbon, aunque venga vacío de fábrica; una de térmico directo solo tiene el hueco de las etiquetas. En la hoja del fabricante lo verá como «TT» o «transferencia térmica» frente a «DT» o «térmica directa».
03Cuánto dura cada impresión
Esta es la diferencia decisiva. La capa reactiva del térmico directo sigue siendo sensible al calor después de imprimir, y también a la luz, a la humedad y al roce. Una etiqueta dejada al sol, dentro de un vehículo o pegada junto a una fuente de calor se oscurece entera hasta volverse ilegible. El roce continuado, al contrario, borra.
En un almacén con condiciones normales, una etiqueta térmica directa se mantiene legible durante meses. Expuesta, puede degradarse en días.
La transferencia térmica no tiene ese problema: la tinta ya está fijada y su resistencia depende de la formulación elegida —cera, mixto o resina— y del material de la etiqueta. De ahí que sea el sistema de la trazabilidad industrial, la identificación de activos y todo lo que deba seguir leyéndose pasado un tiempo.
04Coste real de cada sistema
El térmico directo parece más barato porque elimina un consumible, y en el día a día lo es: no hay que comprar ribbon ni cambiarlo. A cambio, el papel térmico cuesta más por metro que un papel couché normal.
En transferencia térmica el cálculo es sencillo porque el consumo es lineal: un metro de ribbon por metro de etiqueta. Puede estimar su gasto con la calculadora de consumo.
El coste que casi nunca se cuenta es el de una etiqueta ilegible: una expedición que no se puede escanear, un lote que hay que volver a identificar o un activo sin trazabilidad cuestan bastante más que la diferencia entre los dos sistemas.
05Cuál elegir
Térmico directo si la etiqueta cumple su función en horas o días y no sale de un entorno protegido: expedición, báscula, tique, picking interno, etiqueta de envío que se lee al recibir.
Transferencia térmica si la etiqueta tiene que durar semanas, meses o toda la vida del producto, si va a estar expuesta, o si el material no es papel: identificación de activos, trazabilidad, química, farmacia, congelado, exterior y cualquier etiqueta sobre plástico.
Muchas impresoras admiten los dos modos. Si la suya lo hace, puede mantener papel térmico para lo efímero y ribbon para lo que debe perdurar.