Pulseras de identificación de pacientes: cómo elegir la correcta

Adulto, pediatría o neonato; cartucho o rollo; qué modelo aguanta una estancia larga. Y por qué casi todas se imprimen sin ribbon.

Una pulsera de identificación de paciente —o brazalete de hospital, que es como se llama en media España— parece un consumible sencillo hasta que hay que reponerlo y aparecen cinco modelos, cuatro medidas y dos formatos de carga.

Esta es la guía corta para pedir la correcta a la primera.

Lo primero: casi ninguna lleva ribbon

Aunque las vendamos junto a los ribbons, la mayoría de las pulseras se imprimen en térmica directa: el cabezal marca directamente el material termosensible, sin cinta de por medio. Si su impresora de pulseras nunca le ha pedido ribbon, no es que se lo hayan olvidado.

La excepción en nuestro catálogo es la Z-Band 4000, que va por transferencia térmica y trae su ribbon incluido en la caja. Si tiene ese modelo, no compre cinta aparte.

La medida: por quién la va a llevar

Todas van en 25 mm de ancho; lo que cambia es el largo, y el largo es el que decide para quién sirve:

Largo Para
279 mm Adulto. Es la medida estándar y la que más se pide
254 mm Adulto de muñeca fina y pediatría
202 mm Pediatría
178 mm Infantil y recién nacido

Si un servicio atiende a los dos perfiles, lo habitual es tener la de adulto de continuo y una caja de la corta para cuando hace falta, no al revés.

El formato de carga: cartucho o rollo

Este es el punto donde más pedidos se tuercen, porque las dos formas existen para el mismo modelo de pulsera.

  • Cartucho. Para las impresoras Zebra sanitarias que lo admiten —HC100 y ZD510—. Se cambia sin tocar el material y sin tener que enhebrar nada, que en un mostrador de ingresos importa.
  • Rollo. Para cualquier impresora de térmica directa con el mandril adecuado. Sale más económico por pulsera, pero el cambio es manual.

Un cartucho no entra en una impresora de rollo, ni al revés. Si no está seguro de cuál lleva la suya, mírelo antes de pedir la caja o pregúntenos.

Los modelos, y para qué es cada uno

Z-Band Direct

La estándar, en polipropileno. Aguanta la estancia entera: agua, jabón, gel hidroalcohólico y el roce del día a día, con el código de barras legible al alta. Es la que cubre la mayor parte de los ingresos.

Z-Band Ultra Soft

Material sintético más suave. Pensada para estancias largas y piel delicada: pediatría, neonatos, geriatría. Cuando la pulsera va a estar puesta días, la diferencia se nota.

Z-Band Splash

Con resistencia reforzada al agua, para servicios donde la pulsera se moja a menudo.

Z-Band Fun

En colores, para pediatría. La función es la misma; lo que cambia es que el niño la lleve sin quitársela.

Z-Band Laminada

Lleva una capa laminada que protege la impresión del gel hidroalcohólico, del jabón y de los desinfectantes. Es la opción cuando el problema no es la pulsera sino que el código se borra de tanto desinfectar.

El color no es decoración

Las servimos en blanco, rojo, azul y verde. En muchos centros el color codifica algo —alergia, riesgo de caída, nivel de triaje, planta— y esa convención la fija el propio hospital.

Si su centro tiene un código de colores, cuéntenoslo al pedir y le decimos qué modelos hay en cada color, porque no todos los modelos existen en toda la gama.

Cuatro cosas que conviene mirar antes de pedir

  1. El cierre. Las nuestras son de cierre adhesivo, sin grapas ni clips: se cierran sobre sí mismas y no se pueden reabrir sin romperlas. Es lo que se pide para que no sean reutilizables.
  2. Sin látex. Confírmelo siempre en la ficha del modelo que elija; en un entorno sanitario no es un detalle menor.
  3. Las unidades por caja. Se venden por caja completa y las cantidades varían mucho de un modelo a otro —de unas 1.050 a unas 2.100 pulseras—. Cada ficha lleva su cifra por rollo y por caja.
  4. El consumo real. Un servicio de urgencias con 60 ingresos al día gasta unas 1.800 pulseras al mes: una caja larga. Calcúlelo antes de decidir el formato.

Y una recomendación desde el mostrador

La pulsera se imprime una vez, al ingreso, y tiene que seguir leyéndose días después, muchas veces por un lector que se pasa deprisa en una habitación a media luz. Ahorrar en pulsera para que al tercer día el código no se lea significa reimprimir e identificar de nuevo, que es exactamente lo que el sistema está para evitar.

Ver todas las pulseras del catálogo, o díganos el modelo de impresora y le confirmamos qué referencia le entra.